La mente nebulosa de un amanecer prematuro

Hay una manera de quitar el hambre de pertenecer, de destacar, yo aún no lo sé.


«Jabón con olor a pino.»


—¿Alguna vez has besado a alguien?
Es raro escuchar a Vick de esa forma, silenciosa, casi temerosa, cuando la energía era lo que desbordaban sus manos al hablar. Pero ahí estaba ella, con los hombros caídos y la mirada perdida, como si toda su energía vital hubiese sido drenada y reemplazada por un aire denso.


—¿Pasa algo?— pregunté evitando su mirada y, de paso, a la pregunta incómoda que se mantenía en el aire.
Vick hundió su cabeza en sus brazos para después abrazarse así misma y soltar pequeños murmullos, intentando consolar el enredo que, supongo, habitaba en su mente. Definitivamente algo había pasado, pero sabía que no iba obtener respuesta alguna sobre ello, sólo me tocaba callarme y responder las preguntas de la rizada triste que estaba enfrente mío.


Tal parece que esa es mi función.
Recordé su duda y sentí vergüenza, a las únicas que había besado (y ni siquiera eran besos, sólo piquitos en los cachetes) en mi vida era a mi madre y a mi gata Goliat ¿Qué a caso no lo sabía ya Vick?


—No, no he besado a nadie todavía— respondí al final, ella soltó un quejido como respuesta y después sólo atinó a ver por la ventana; el salón donde estábamos antiguamente se usaba como almacén, pero ahora era un intento de laboratorio de física para los de segundo año.


A pesar de haber estado teniendo actividad humana aún apestaba a encierro, pero ese olor me gustaba a mí. Vick lo detestaba y siempre que teníamos que estar aquí rociaba aromatizante por todos lados, mareando al grupo de alumnos que intentaban tomar su clase.


“¿Qué?” Respondería ella ante las quejas al unísono de preadolescentes exigiendo una respuesta, “Huele a muerto” diría después para sentarse a mi lado y ponerse a leer la práctica del día.


Pero hoy era día de aseo, olía a desinfectante con cítricos y jabón con olor a pino. El olor que tanto me gustaba era opacado por el ambiente húmedo que hacía notar la limpieza a la que se había sometido, pero sólo me quedaba esperar, esperar a que todo seque para así reiniciar el bucle de olores entre Vick y yo.


—Quiero besar a alguien— al final escuché después de minutos de silencio.

Miré a Vick, estaba seria como siempre pero su mirada delataba su tristeza, conmovida y algo divertida por el deseo que me había confesado, dejé la escoba recargada en la pared para sentarme en la mesa y así estar enfrente de ella.


El viento que entraba por los ventanales de la habitación era caliente, pero aún así sabía que, para Vick, el aire era aire y lo disfrutaba de igual forma.


—¿Por qué de repente quieres besar?— le pregunté con una sonrisa en mi rostro, aún estaba divertida por la situación— ¿De nuevo viste esos programas del canal 6? Los románticos con nombres raros.


Creí que iba a obtener una risa de su parte para que después comenzara a alegar que odiaba ese canal, pero no fue así, sólo hizo una mueca y su semblante se hizo mas duro.
—Hey, por favor dime lo que está pasando, no puedo ayudarte si no me dices qué tienes— agarré su mano e igualé su seriedad. Ella sólo me miró a los ojos y suspiró, como si estuviera agarrando fuerzas para comenzar a hablar— Créeme que besar chicos es lo peor que existe, ¿Recuerdas a Carmen del 3ro C? Una vez dijo que-


—No quiero besar chicos— soltó cortando la anécdota que comenzaba a nacer de mis labios; quise soltar su mano por la impresión pero ella me devolvió con fuerza el agarre— No me mires raro, pero pasó algo el fin de semana, con Ágata.


—Oh, ¿Qué pasó?— atiné a decir, pero siendo sincera no quería oír su respuesta.


Los latidos de mi corazón delataban agitación por la confesión susurrada de la rizada que buscaba atisbos de respuesta en mis ojos, pero yo sólo podía atinar a sudar frío y sentir que el estómago me fallaba.


Ágata no me caía bien, pero no porque fuera mala persona, de hecho era todo lo contrario. Era una chica inteligente, con un brillante futuro esperándola y con personas hermosas rodeándola siempre. Destacaba todas las veces que se aparecía en la casa de Vick para visitar a su hermano debido a un proyecto de la preparatoria.


Siempre se presentaba de la misma forma, con confianza desbordada y un suave “Hey…” en forma de saludo.

Yo siempre fingía no observar la mirada brillante que Vick obtenía siempre al mirar la figura de Ágata acercarse o el sonrojo de su rostro cuando esta le hacía cumplidos por su cabello.


Ágata no me caía bien, porque era alta, con curvas, una tez morena envidiable y a sus 18 estaba logrando cosas increíbles. Ágata no me caía bien porque siempre hacía que odiara mi reflejo y causaba que me doliera el pecho por un sentimiento tan horrible que no quería nombrar, al menos no ahora.


Lo peor es que no hay justificación de mi desagrado, sólo inseguridades y deseos en un cajón que prefería ignorar que existía. Y eso me molesta más.


—Fue algo muy rápido— Mencionó Vick con una pequeña sonrisa dibujándose en su rostro, de la nada de nuevo estaba feliz y parecía emocionada por contarme, pero yo sólo quería correr y volverme sorda al mismo tiempo— Salimos a comer hamburguesas ella, mi hermano y yo, las pedimos para llevar y nos llevó a comerlas en el estacionamiento abandonado al norte de la ciudad ¿Lo ubicas?
Sin esperar respuesta alguna, siguió.


—No era nada bonito, pero había una banda que tocaba increíble y muchas personas de la preparatoria de la zona— continuó, ignorando que me estaba deshaciendo en nervios enfrente de su persona, no la culpo, yo misma quería ignorar tal realidad que me azotaba.


Mientras contaba, Vick resplandecía y parecía que en cualquier momento le saldrían alas y saldría volando por la ventana. Siempre me hacía feliz ver el estado natural de la existencia de Vick, ese brillo único que lleva de nombre y de apellido una coreografía le hace el honor de acompañarla cada que habla. Pero a veces dolía.


Duele al menos cuando sé que sus ilusiones por esa chica están más altas que los abetos en invierno. Sin embargo tengo el patrón de ignorar todo sentimiento que comparta semejanza y callar, callar, callar.


—Hubo un momento donde estábamos sólo nosotras dos— seguí el hilo de la conversación, había captado mi atención por completo cuando su tono cambió y supe que algo se avecinaba— mi hermano había ido a fumar y ella se emocionó por una canción que comenzaron a tocar, me sacó a bailar ¡A mi! Pero no con los demás, comenzó a bailar conmigo detrás de su auto, dijo que las multitudes no eran su fuerte…

Una risa traviesa salió de sus labios, esa típica risa que dejaba mostrar sólo cuando estaba emocionada e incrédula. Sus ojos brillaban más que el reflejo del sol en sus pulseras de cuencas coloridas, había soltado mi mano para tocar su pecho, como si intentara calmar su corazón pidiéndole paciencia.


Ella estaba ahí, siendo delineada por los colores anaranjados del atardecer, haciendo parecer que su cabello era rubio cenizo en vez de castaño claro. Vick incluso haciendo nada, lograba verse así, como si cargara consigo reflectores para hacerla destacar de todo el mundo. O al menos del mío.


—… y ella me besó, ahí, después de que terminara la canción, me besó en los labios, fue un beso real ¿Entiendes Vinnie? Mi primer beso…— siguió contando todo con una risa que le salía sola.


Quisiera decir que el mundo se me vino encima, que quería llorar y salir corriendo, que sentí como mi corazón colapsó en mi pecho, pero en realidad no fue así. Me sentí abrumada y mi cuerpo comenzó a calentarse de una manera extraña, como si hubiera enfermado de repente.


Pero no, definitivamente no quería llorar.
—Ya veo… ¿Por eso quieres besar a alguien más? ¿Te gustó?— Pareciese que preguntaba y reaccionaba en automático, porque siendo sincera, no entendía ni la mitad de las palabras que soltaba. Vick no pareció darse cuenta, ella seguía pasmada disfrutando su emoción juvenil.


—En realidad sólo quiero besarla a ella—respondió de inmediato, como si quisiera aclarar lo obvio— pero sí, definitivamente me gustó. Ágata es increíble


—¿Te gusta ella?


—Pensé que ya lo sabías Vinnie, creo que soy muy obvia ¿no?— rió para después comenzarme a contar cómo no dejó de mensajearse con Ágata lo que restó del fin de semana, sacando su celular para mostrarme las fotos que se tomaron juntas, todo siendo contado con la misma emoción que llevaba desbordando desde el primer segundo.


Su celular recibió un mensaje de ella, y fui testigo que la tenía agendada con corazones y brillos. A mí sólo me tenía con mi nombre.


Sacudí mi cabeza suavemente, odiando los pensamientos intrusivos que dejaban en claro algo que hacía bullicio en mi mente, odiaba sentirme así. Vick no sabía de todo lo que estaba pasando por mi mente, y la verdad no la culpo, nadie más que mi madre sabía del enredo que habitaba en mí desde la primavera pasada, después de la obra escolar donde Vick fue protagonista y mis manos dolían de tanto aplaudir.


Ahí, viéndola deshacerse en el escenario para después guiñarme un ojo cuando cruzó miradas conmigo en el público, me di cuenta que la taquicardia que tanto me preocupaba no era por un problema médico.


Pensaba intentar contárselo justo el fin de semana pasado, pero mientras Ágata y Vick estaban en un estacionamiento viejo comiendo hamburguesas y bailando como en una comedia romántica, yo estaba en otra ciudad en la visita mensual a mi padre, sosteniendo su escalera para que no se balanceara al quitar las hojas acumuladas en el techo, después del viento que no nos abandonó hasta que me dejó el Lunes por la mañana en la estación de autobuses.


Los mensajes sin respuesta que se mandaron de viernes a domingo son testigo de mi frustración y desasosiego, mi enojo sin justificación hacia mis medios hermanos ese fin de semana desastroso, me pone en evidencia de mi inmadurez y falta de terapia.


“Las cosas pasan por algo” diría mi madre para calmar un poco la ansiedad que me apresaba con fuerza, pero yo necesitaba un respiro, no la consolación con pena de mi progenitora ante mi primer amor siendo no correspondido.


Terminé rápido mi parte de la limpieza con la voz calmada de Vick de fondo, ni siquiera buscaba una respuesta de mi parte, sólo hablaba sin pausa y sin darse cuenta que llevaba callada desde que le cuestioné sus sentimientos por Ágata.


—Vick, mi mamá llamó—la mentira salió sin interrupciones para calmar las nauseas que no me dejaban respirar, mi amiga rizada frunció el ceño al darse cuento que había terminado tan rápido— Me está esperando afuera, tengo que irme.


Y sin escuchar su respuesta, tomé mi mochila y corrí. No estoy segura si me creyó o no, o si se dio cuenta que, en vez de subirme a algún carro, tomé el camino más largo mientras mis pies eran los únicos que me acompañaban.



Una respuesta a ««Jabón con olor a pino.»»

  1. Sentí mi corazón apachurrarse con el de Vinnie

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